«Escribí esta película para mis hijos, para pedirles perdón por el mundo que les dejamos». Así fue como terminó su discurso de agradecimiento Paul Thomas Anderson tras ganar el Óscar a Mejor Guion Adaptado. Entra dentro de la lógica que PTA dedicara el premio a sus hijos si tenemos en cuenta el argumento de Una batalla tras otra (su propia hija hace un cameo como monja en el film). Lo que resulta más llamativo es el modelo de figura paterna que exhibe esta película, sobre todo si repasamos la filmografía de Anderson y la relación que él mantuvo con su propio padre.

«Sigo volviendo a ello, no intencionalmente, es solo la gravedad; algo accidental pero a la vez intencional. Sea lo que sea en mi vida, en mí o en cómo me formé —mi relación con mi padre fue muy fuerte e importante para mí—, parece que vuelve cuando escribo estas cosas; no puedo escapar de ello. A veces, uno tiene que aceptar las cosas que no puede cambiar. Suena a postal, pero es que empiezas a escribir, y estas cosas empiezan a salir de ti, y tienes que escucharlas».

Paul Thomas Anderson
Leonardo Di Caprio ejerciendo de padre en "Una batalla tras otra"
Leonardo Di Caprio ejerciendo de padre en «Una batalla tras otra»

Si dejamos a un lado Hard Eight, ópera prima de PTA y cuya figura paterna interpretada por Phillip Baker Hall busca la redención por un crimen cometido en el pasado, la carrera del cineasta californiano se ha visto trufada de padres no del todo deseables, ya sea por su ausencia total o, aún peor, por un carácter demasiado agresivo y/o controlador. En el bando de los desaparecidos tenemos al padre de Adam Sandler en Embriagado de amor, el de Cooper Hoffman en Licorice Pizza o el de Daniel Day Lewis en El Hilo fantasma. En el lado contrario, el summum de padres complicados lo podemos degustar en films como Magnolia, The Master y Pozos de ambición. Es con Una batalla tras otra donde Anderson aborda, quizás por primera vez de forma tan marcada, el papel de progenitor que por excesiva sobreprotección ha cometido errores que ahora puede redimir.

 «Puse todo lo que sentí como padre en esta historia. Creo que cualquier padre, seas padre o madre, cualquiera, no tienes que estar sentado en el sofá todo el día fumando marihuana o nunca salir de tu bata para sentirte como Bob, para sentir que lo estás echando todo a perder. Lo único que quieres es darles independencia, pero al mismo tiempo, no quieres que se vayan. No quieres que salgan por la puerta». 

Paul Thomas Anderson en The Talks.

Como simple apunte y sin querer entrar en detalles, si hablamos del Bob de Leonardo Di Caprio como símbolo de buen padre con sus virtudes y defectos, en la misma película podemos encontrar a su némesis en el personaje interpretado por Sean Penn. Nada más antagónico que un padre protector que este ambicioso Lockjaw.

Pero no solo Una batalla tras otra trata el tema de la paternidad entre las nominadas a Mejor Película este año en los Óscar. Resulta especialmente curiosa la coincidencia en este tema y las múltiples aristas que se ven reflejadas en cada uno de los films. Desde Stellan Skarsgård, padre ya mayor y casi siempre ausente por haberse dedicado por completo a su carrera (y que para colmo sólo regresa cuando necesita algo de sus hijas) de Valor Sentimental, pasando por el joven Timothée Chalamet de Marty Supreme, que desea triunfar más que nada en el mundo pero el destino, en forma de humillación casi perenne, le reconduce por el buen camino, hasta el Shakespeare ausente a su pesar, encarnado por Paul Mescal en Hamnet, que sólo es capaz de superar la tragedia a través de su propio arte. Y por si esto fuera poco, como si de una extraña mezcla de todo lo anterior se tratase, la eterna figura del creador del monstruo de Frankenstein («Padre, ¿por qué me has abandonado?), hombre egoísta interpretado por Oscar Isaac que usa el depósito de cadáveres como vientre de alquiler para elaborar a su criatura y abandonarla posteriormente.

Tarin dreams
Joel Edgerton en Train Dreams

No quiero cerrar esta exposición sin hacer mención al que para mí es el verdadero ganador de todos los padres aparecidos en estos premios. Y es que si existiera tal categoría, el Óscar a Mejor Padre sería sin duda para Joel Edgerton en la maravillosa Train Dreams. Padre que desde el primer momento adora a su mujer y a su hija y que haría cualquier cosa por ellas. Hasta la más difícil: no estar. Padre ausente ya que él es el único sustento de su familia y su trabajo le lleva lejos por largas temporadas. Padre que, al igual que Shakespeare, sufre una terrible tragedia pero, a diferencia de este, él no dispone de las herramientas intelectuales ni creativas para superarlo. Padre que nunca pierde la esperanza y cuyo amor le permite seguir vivo, le ayuda a llegar a viejo y le sustenta el tiempo suficiente para poder comprender. En definitiva, un hombre sencillo cuyo mayor anhelo es ser feliz junto a su mujer y su hija en un mundo demasiado cegado por la ambición.

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