La mala noticia para Ethan es que los músculos de las piernas le empiezan a arder por el esfuerzo realizado. La buena es que el ladrón al que está persiguiendo se ha dirigido al muelle norte de Pier. Es un camino sin salida, salvo que la desesperación le empuje a lanzarse al mar. En ese caso, espera que al menos deje antes en lugar seguro el objeto que le ha robado: una cámara Fujifilm X-T200 de segunda mano que le costó 300 libras y que, sin la cual no podrá terminar el proyecto audiovisual en el que lleva trabajando desde hace meses. Ethan siente que es un momento crítico para él así que pide a su cerebro que olvide el dolor y aumente la velocidad de propulsión antes de llegar al faro de rayas horizontales rojas y blancas situado al final del muelle. Necesita sacar fuerzas de flaqueza así que el archivo sonoro de su cabeza selecciona Fuckin´in the bushes de Oasis mientras piensa en su extraña forma de hacer turismo por Sunderland. Todo este embrollo, en cambio, empezó a 342 millas de distancia, 125 años atrás en el tiempo. En una ciudad, casualmente, cuyas postales suelen estar protagonizadas por dos muelles. Uno de ellos es uno de los más largos, antiguos y visitados del mundo: el muelle de Brighton.
Brighton es una ciudad costera del sur de Inglaterra. Su principal atracción, aparte de los ya mencionados puntos turísticos y el buen tiempo, es su equipo de fútbol, que atraviesa por un estado de forma excepcional en la Premier League. El Brighton & Hove Albion es tercero en la clasificación con 10 puntos, además de ser el máximo goleador y el que ostenta mejor diferencia de goles. El último partido en casa, justo el que conmemoraba sus 125 años de historia, resultó ser un encuentro magnífico, ya que derrotaron por un contundente 3-0 al Arsenal, vigente campeón de la competición.
Pero muchos años antes, antes incluso de la fundación del equipo, la ciudad se volvió el centro de atención por otra razón muy distinta. En 1896, varios fotógrafos de la ciudad se convirtieron en pioneros del cine, sentando las bases de gran parte del lenguaje cinematográfico actual. En sus cortometrajes hicieron uso de técnicas innovadoras como las películas teñidas en color, diversos trucos fotográficos, el primer plano, el contraplano, el travelling o el zoom. Por poner un ejemplo, la película «Un beso en el túnel» de George Albert Smith es considerada como la precursora del montaje narrativo. Otros miembros destacados de este grupo fueron James Williamson, Esmé Collings y Robert William Paul. A todos ellos se les conoció años después con el término de la Escuela de Brighton.
Ethan descubrió el trabajo de estos pioneros cuando visitó con el instituto el Museo de la Creatividad de Hove. Desde ese momento se sintió maravillado por los logros de estos cineastas y aún más después de descubrir que eran de su propia localidad. Este hecho le impelió a intentar hacer algo parecido. Así que un buen día, rompió su hucha con el dinero ahorrado de diversos cumpleaños y Navidades y se compró en Cash Converters la cámara que mejor le encajó en el presupuesto.
Su idea era grabar la vida cotidiana de la ciudad y sus habitantes intentando encontrar siempre un punto de vista sugestivo y original. Por ello tiende a esconder la cámara en lugares insólitos para captar a las personas tal y como son, no lo que aparentan ser cuando saben que una cámara los está filmando. Entre los múltiples enfoques que quiere dar a este documental de realidad cotidiana, está, por supuesto, el equipo del que es hincha desde niño. El Brighton & Hove Albion. Después de grabar todos los partidos de casa (en el que jugaron contra el Leeds incluso pudo colocar la cámara muy cerca de uno de los banderines de córner, obteniendo con ello unas imágenes espectaculares) decidió que podía resultar interesante seguir al equipo en un desplazamiento fuera de casa.
De este modo el sábado por la mañana tomó un tren en dirección a Sunderland. Cinco horas más tarde se encontraba rodeado de hinchas del Brighton en la grada del Stadium of Light. El equipo volvió a hacer un gran partido. Ganó 0-2 a pesar de jugar con diez durante más de media hora y mantiene así la tercera posición en la tabla. Ethan estaba eufórico. Tras el partido decidió grabar imágenes de los hinchas regresando al tren que les llevaría de vuelta a casa. Dejó la cámara escondida en una pequeña caja de cartón, sobre una boca de incendios. El aparato estaba sujeto dentro de la caja con un intricado sistema de cuerdas que le daba estabilidad y gracias a un agujero colocado a la altura del objetivo podía grabar sin ser visto. Se apartó unos metros y observó la secuencia lleno de emoción. Si la primera película de la historia fue La salida de los obreros de la fábrica Lumiere esta escena bien podría conocerse como La llegada de los hinchas del Brighton a la estación de St Peters. Ensimismado como estaba con su propia creatividad, tardó unos segundos de más en darse cuenta que la caja, con la cámara en su interior, había desaparecido.
La persecución viró rápidamente hacia el este, bordeando la orilla izquierda del río Wear, en pleno campus de la universidad. El ladrón vestía pantalones negros, sudadera gris y gorro negro. Cuando vio un grupo numeroso de seguidores del Sunderland, cerca del parking de la universidad, se despojó de la sudadera dejando al descubierto la camisa de rayas rojas y blancas de los black cats. De este modo intentaba camuflarse entre la masa de hinchas. Ethan le perdió de vista. Buscó en todas direcciones pero allí todo el mundo parecía ir vestido igual. Era como intentar encontrar a Wally escondido entre decenas de Wallys. Por suerte para él pudo fijarse en el nombre que llevaba escrito a la espalda: LANE. Y el número 14. Tras unos momentos de desesperación vio a una persona andar deprisa en dirección a la iglesia de St Peter. Tanto el nombre como el número de la camiseta coincidían. Ethan fue tras él. El ladrón volvió la cabeza y al comprobar que seguía siendo perseguido reinició la carrera.
Se acabó. El ladrón ha llegado al límite de lo terrestre. Allí donde el faro da por concluido el muelle, como un signo de exclamación al final de una frase. Se agacha con las manos sobre las rodillas intentando recuperar el aliento, cerca de las escaleras que dan acceso al faro. La caja todavía bajo su brazo derecho. Ethan mantiene una distancia prudencial de unos treinta metros. Su cara sonrojada da fe del esfuerzo. Abre los brazos en señal de paz y también como queriendo decir «no hay salida, hasta aquí hemos llegado». El ladrón se gira y por primera vez se ven cara a cara. Para sorpresa de Ethan comprueba que el ladrón es una chica. Esta comienza a subir las escaleras de espaldas, sin perder de vista a su perseguidor. Ethan, temiéndose lo peor, empieza a gritar «no, no, no, no». Pero la joven, ya arriba de todo, deja la caja en el suelo y sale corriendo en dirección al faro. Ethan hace lo mismo, subiendo de dos en dos los peldaños. Cuando llega a la caja, la abre y, por fortuna, encuentra su cámara en el interior. Al momento, alza la vista intentando encontrar a la ladrona. Da la vuelta completa al faro pero al otro lado solo hay dos pescadores medio dormidos. Al bajar por las escaleras ve al fondo, corriendo por el muelle en dirección a la ciudad, a la chica con el 14 y LANE escrito en la camiseta del Sunderland.
En el viaje de vuelta a Brighton, Ethan tiene tiempo de sobra de repasar lo grabado. La cámara no había dejado de grabar en ningún momento desde que la ladrona se la había llevado consigo. Siempre enfocando hacia atrás, la trepidante acción quedó reflejada con un larguísimo plano secuencia en el que se veía a Ethan correr sin un destino claro, con la cámara como único objetivo.
Sin duda alguna, la Escuela de Brighton se sentiría orgulloso de él.

Deja una respuesta